Laura escala la roca descalza mientras el mar rompe ante ella olas matutinas salpicando al mundo. Ha salido temprano a correr un día más, con sus nuevas zapatillas y la sonrisa puesta, a llenarse de vida en cuanto sale el sol. A media carrera hace un alto en el camino para capturar con su smartphone la serena vista desde lo alto y subirla a Instagram compartiendo el momento con los suyos, probablemente aún en los brazos de morfeo.
Hace ya tiempo que Laura saborea que la vida compartida en digital, es más.

Un verano más las redes nos regalan ubicuidad este verano: Bilbao, México, la Costa Brava, Andorra, las Baleares, Madrid, la India…

Nuestros amigos y ciberamigos han capturado decenas de momentos de su safari estival proyectando al mundo y más allá sus tímidos o decididos postureos y conectando con almas gemelas en la red en un intento imposible de hacerles ver, oír y sentir algo parecido a su realidad por unos instantes.

Hace ya muchos siglos que los seres humanos pretendemos robarle imágenes al tiempo en nuestro vano intento de conservar lo que es efímero

pero no tanto tiempo que la tecnología nos permite emular la omnipresencia digital compartida. Sabemos que cada momento es único, que lo que vemos, oímos, escuchamos, sentimos es algo irrepetible y por eso nos esforzamos en capturarlo y compartirlo a veces en detrimento de saborear cada presente como  merece

Las redes sociales son una vez más escenario de la gran feria multimedia que llena de vida y acorta distancias entre pantallas. Ganan protagonismo global tímidos detalles, se conectan sonrisas cómplices, damos fe de pequeñas o grandes gestas , repartimos con profusión lunas crecientes, atardeceres de película y gastronomía para enmarcar.

Queremos vivir con intensidad el presente y llenar nuestro futuro de recuerdos felices, queremos saber y hacer saber que en el viaje de la vida no estamos sólos y cada “me gusta” es un guiño cómplice en ese trayecto compartido. Atrás quedarán de momento risas con paella, siestas y fiestas, libros que nos llevamos puestos, vistas  sin filtro y amaneceres multicolor. Nuestro álbum vital pretende ser grueso y confiamos en tener muchas más páginas que llenar.

Saturemos de buenos momentos nuestros móviles y tablets , hagamos insuficiente cualquier wifi compartida pero, sobre todo, mantengamos ávidas nuestras pupilas y corazones para seguir coleccionando momentos únicos para nuestro videoclip vital, viviendo antes que compartiendo, para poder enriquecerlo con la suma de los demás

Laura baja de la roca frente al agua, se calza y sigue su carrera en el camino de tierra persiguiendo al sol con el viento en la cara. Otro momento inmortal robado al tiempo. Los momentos de subida.

Esta entrada tiene 4 comentarios

  1. Gran post, Joan! Una enorme reflexión sobre una frontera que ya casi no existe: la del mundo de los átomos y la del mundo de los bits. Como dice Andy Stalman, vivimos en un permanente estado OnOff, donde ya no existe lo uno sin lo otro. Laura es quien mejor puede leer esta fusión, una persona que apura la vida y comparte una pequeña parte.
    Un fuerte abrazo!

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