Un espectacular paisaje del Baix Empordà, privilegiada comarca catalana, se visualiza invertido por la refracción de la luz a través del fino cristal de una pequeña bombilla que pende de un hilo. Esa bombilla es uno de los múltiples frutos artificiales que decoran las ramas de un árbol centenario que preside el mirador en el que estamos. Parece como si el autor de tan sutil decoración nos invitara a interpretar esa realidad desde otra perspectiva.
Tras capturar un recuerdo vacacional más en Instagram, una voz serena se acerca y nos pregunta si nos gusta lo que vemos. Un hombre menudo de rostro afable y que aparenta superar con creces los 60, nos habla tras fijar en el suelo otra escultura de metal junto al camino de tierra. Él forma ahora parte del paisaje que nos invita a contemplar y que dice alcanzar su máximo esplendor en las invernales puestas de sol.
Nuestro desconocido se acerca mientras habla del privilegio de vivir en estas tierras y de su evolución como cuenca de un río ahora vergel de un verde intenso. Le preguntamos entonces por todas esas esculturas que profileran a modo de escolta de la imponente masía del siglo XVI que nos cubre las espaldas.

Josep se presenta y nos descubre entonces tímidamente su devoción invitándonos a entrar en su taller. La curiosidad guía nuestros pasos hacia un espectacular obrador con decenas y decenas de herramientas en disciplinada formación. Tiras de hierro oxidadas de todos los tamaños y formas y multitud de detalles en las paredes y en las mesas de trabajo denotan largas horas de trabajo minucioso. Atravesando su taller , Josep nos acompaña ahora a una gran sala blanca de unos 20 metros cuadrados, impoluta y llena de luz. Tres ventanas altas desde las que entra el verde y azul exterior, nos parecen ahora tres postales. A nuestro alrededor sorprenden más de 20 creaciones artísticas de hierro forjado, madera, piedras pulidas y cristal, materiales que juegan con las formas, la luz, las sombras y el equilibrio para transmitir serenidad, crear un clima acogedor casi zen que invita a los improvisados visitantes al placer de la contemplación.

Impresionados por todo lo que vemos, ensalzamos el trabajo de Josep que replica humildemente que él no es artista, que sólo practica desde hace 15 años y que desde hace 3, por su jubilación anticipada puede dedicar mucho más tiempo a su pasión.
Nos dice que nunca recibió formación artística, ni ha visitado más museos que el de una población cercana. Aunque confiesa admirar al holandés Theo Jansen y sus esculturas cinéticas, desconoce a la mayoría de artistas lejanos de su tierra y época vital. Aun así, cada una de sus creaciones irradia talento, magnetismo y sensibilidad. Son piezas que van del puro divertimento al virtuosismo inconsciente. Como muchos de los improvisados visitantes que le descubren, le pregunto por si ha explorado las posibilidades comerciales de su arte y me responde sereno y casi socarrón, que sus piezas no están en venta porque forman parte de su vida y del paisaje y porque el mundo del arte, tiene en su opinión unas estrechas puertas a las que nunca ha querido llamar porque el dinero y la marca desvirtúan en parte el talento y el disfrute.  Josep no está en venta

Qué paradoja … él, que ha trabajado toda una vida como electricista, se ha reservado  energía para brillar con luz propia en su última etapa vital encontrando su equilibrio vital en aquellos férreos móviles que hipnotizan a los que visitan su pueblo y su casa.
Nos despedimos de Josep admirados y agradecidos por su hospitalidad y por el regalo de unos pequeños llaveros de piedra pulida, que nos recuerdan siempre aquel día. El día que conocimos a un artista humilde y voluntariamente anónimo que decoraba un paisaje ya espectacular e iluminaba la perspectiva de vida de los curiosos que se acercan a visitarlo.

En pleno retorno al trabajo me pregunto cuántas personas se permiten ser a tiempo quienes realmente son y cómo serían las organizaciones si todos descubriéramos a tiempo y cultiváramos nuestro arte, nuestro talento para brillar a menudo inspirando a los demás.

“El arte es el hombre agregado a la naturaleza” dijo alguna vez Van Gogh. De haber nacido en otro tiempo, Josep podría haber sido perfectamente su inspiración.

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Jose Alberto de la Torre

    Preciosa reflexión Joan, siempre listo para captar las emociones que nos brinda la vida ¡Enhorabuena!

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